
De la colección de la Biblioteca George Peabody

El interés de Fielding por Cervantes, sin embargo, databa por lo menos de 1727, cuando escribía su drama Don Quixote in England. Aunque no se representó hasta 1734, esta farsa/comedia refleja el interés temprano de Fielding en la novela y su potencial de relacionar la locura del caballero con la locura de la sociedad en general. El drama termina con un apóstrofe al públio: "puesto que su locura es tan simple / cada espectador / de buena naturaleza / con aplauso entretendrá / a su hermano de la Mancha."
Fielding era solamente uno entre muchos autores que leían y se
beneficiaron de la presencia de
don Quijote en Inglaterra. Referencias a la novela aparecen en las
obras de, entre otros, Richard Steele, Joseph Addison, Jonathan Swift y
Laurence Sterne. El carácter central de Charlotte Lennox,
Arabella, en The Female Quixote (1752) está engañada
por su lectura de la ficción, aunque la novela en su totalidad
parece tener más deuda con el trabajo del propio Fielding. El impacto
de la lectura de ficción en la vida de uno no se limitaba a la
representación ficticia. El doctor Thomas Percy -- el mismo doctor Percy
a quien el reverendo Bowle se dirigió en sus cartas sobre
don Quijote--
escribió a James Boswell como el último preparaba La vida
de Samuel Johnson (1811), para informarle que cuando Johnson
era un muchacho, "él era excesivamente aficionado a
la lectura de romances de caballería, y les conservó
afición por toda su vida... Sin embargo le he oído atribuir a
estas ficciones extravagantes
esa irresuelta actitud que siempre le impidió escoger cualquier
profesión." Que este auto diagnóstico del doctor Johnson apunte
o no a la enfermedad peculiar de don Quijote
como propia es pura especulación. Es
significativo, sin embargo, que el doctor Johnson comente sobre la
identificación entre don Quijote y sus
lectores: "cuando nos compadecemos de él, reflexionamos sobre nuestras
propias decepciones; y cuando nos reímos, nuestros corazones nos
informan que no es más ridículo que nosotros, excepto que él
dice lo que sólo hemos pensado." La separación entre la
ficción y la realidad no era tan ancha como a veces preferimos creer.
A fines del siglo dieciocho, Cervantes había logrado adquirir a esos
lectores que entendían su novela, que
entendían que lo que percibimos como realidad es ficción y
viceversa. Las aventuras ridículas de
don Quijote produjeron la risa que Cervantes había
deseado; también obtuvieron esa visión crítica más
profunda del
mundo y de la naturaleza humana que define la novela moderna.
