Poco tiempo después de la segunda edición de Shelton 1652,
Edmund Gayton publicó su "Pleasant Notes upon Don Quixot[sic]." Gayton
no hizo una traducción completa de la historia. Al contrario, escogió
pasajes claves de
la versión de Shelton para hacer un comentario enfocándose en
partes que demostraban el arte cómico de
Cervantes.
Sin embargo, otras versiones en inglés empezaron a competir intentando
captar el sabor del original en un lenguaje y estilo modernos mientras,
indirectamente, llamaban la atención sobre los defectos de versiones
anteriores. El desconocido John Phillips, sobrino del poeta John Milton,
publicó una nueva traducción de
don Quijote en 1687
apoyándose en Shelton al mismo tiempo que parece distanciarse del
traductor temprano. En la portada anuncia una nueva traducción
"ahora hecha en inglés según el humor de nuestro idioma
moderno y adornada con varias laminas de cobre."
Al principio del siglo dieciocho se vieron dos nuevas traducciones de la novela.
En 1700 el capitán John Stevens publicó su versión de
Shelton revisada añadiendo su propia traducción de una falsa
continuación de Don Quijote
que había aparecido en España en 1614. Desafortunadamente para
Stevens, el mismo año apareció la traducción de
Peter Motteaux cuyo gracioso estilo y representación arrolló la
contribución de Stevens. La popularidad de la traducción de
Motteaux fue duradera: hasta recientemente era la edición
"Modern Library Series" de la novela.
La traducción la más popular del siglo dieciocho, sin embargo,
fue la de Charles Jervas (o Jarvis) en 1742. Era un retratista que tenía
un buen sentido de su propio talento y merito. Fue el primer traductor en
mostrar el desacierto de previas versiones inglesas de la novela. Su
mentalidad literal produjo una traducción "fiel," pero fracasó en
transmitir el estilo coloquial del original. Aun con esto, mas de 100 ediciones
se imprimieron en Inglaterra y Estados Unidos, la mayoría
acompañadas de grabados.
Sin embargo los lectores modernos mejor conocen la traducción de Tobias
Smollett, publicada en 1755. Aunque fue acusado de saber poco español y
de depender demasiado en la versión de Jarvis, la traducción de
Smollett se hizo popular en esa época con trece ediciones circulando
dentro de pocos años. Quizás más significante es su
comentario en Continuation of the Complete History of England
(Continuacón de la historia completa de Inglaterra) (1761) sobre el
eslabón entre Cervantes y Fielding: "el
genio de Cervantes se transundió en las
novelas de Fielding, quien pintó a los personajes y ridiculizó las
locuras de la vida con la misma fuerza, el mismo humor y decoro."
El interés en Inglaterra en
Don Quijote en el decimoséptimo y el décimo octavo
siglo no fue limitado al arte de la traducción. Desde 1611, el drama de
Philip Massinger, The Second Maiden's Tragedy (o
Voyage) utilizó una de las historias interpoladas en la primera
parte de la novela como base de su trama. Y alrededor de 1620, John
Fletcher y Massinger modelaron The Double Marriage
en el episodio del gobierno de Sancho en la segunda parte de la novela. A
través del siglo, el interés en
Don Quijote se enfocó principalmente en su uso como fuente
para tramas de teatro. El "Curioso impertinente" en la primera
parte era la fuente principal para The Amourous Prince
(también llamado The Curious Husband) (1671) de Aphra Behn; para
The Disappointment (1684) de Sotherne; y The Married Beau; Or, The
Curious Husband (1694) de John Crow.
Las Novelas ejemplares de Cervantes
también se convirtieron en una fuente popular para los
autores a partir de 1640, la fecha de la traducción de Mabbe de
seis de las doce historias.
Si Don Quijote era digno de servir de
fuente para los talentos creativos de otros, no se tomó como una obra
seria por sí misma. Richard Braithwaite en The Schollers Medley
(1614) reflejó la actitud común cuando se negó a recomendar
la novela para lectores jóvenes: "Y por último (lo que en mi
opinión es lo peor de todo) otros moldeados sólo por el
entretenimiento y no el provecho de los escritos fantásticos de supuestos
caballeros (don Quijote transformado en el caballero con el Mortero de Oro) con
muchas otras invenciones infructuosas. Estas hitorias yo excluyo del todo de mi
economía o de mi familia."
Había quizás, durante este período, por lo menos una
excepción a la perspectiva común de Don Quijote como una farsa pura. Samuel
Butler parecía percibir la
novela como un paradigma satírico desde 1663 en su poema Hudibras
cuyo personaje principal fue descrito como "el
Quijote de su país." Para Butler, don Quijote era
un loco travieso así como un héroe satírico cuya
búsqueda representaba la inutilidad de transformar la realidad
(molinos) en ficción (gigantes). En su búsqueda, el personaje de
Butler, Hudibras, no estaba interesado en la restauración de un
pasado glorioso sino en revelar la motivación baja del
presbyterianismo como religión verdadera. La deuda de Butler
para con Cervantes
puede ser evidente en su representación de los dos personajes
centrales y la organización no estructurada de sus viajes juntos.
También en deuda con
Don Quijote fue la obra de Edward Ward The Life and
Notable Adventures of that renowned Knight Don Quixote de la Mancha
que fue "Alegremente traducida en verso
Hudibrastic." Ward hace explícita la conexión entre
Butler y Cervantes. Su dedicatoria se
refiere a la popularidad de la novela y su posición elevada
al principio del siglo:
La calidad y la cantidad de las traducciones de
Don Quijote en la Inglaterra del siglo dieciocho tuvieron
un impacto innegable en la creciente sofisticación de la ficción
en prosa. La obra de Cervantes ya no se
veía como una simple farsa o comedia, sino como un modelo de la
sátira seria que se debía imitar. Si el propósito de
la sátira es corregir y reformar, la figura de
don Quijote era
particularmente apropiada: intentó corregir los errores de un
orden social basado en un concepto nostálgico del pasado, y al
mismo tiempo su obsesión con deshacer cada agravio social le
hizo una víctima de su propia empresa reformista. Era un
tipo de "Everyman," según Motteaux, y no simplemente algún loco
extranjero: "cada hombre tiene algo de
don Quijote en su humor, alguna Dulcinea querida en sus pensamientos,
que muy a menudo le pone en marcha sobre aventuras locas. ¿Qué Quijotes
no produce cada edad en política y religión, quien creándose
ser lo correcto de algo que todo el mundo le dice es incorrecto...?"
Las observaciones de Motteaux fácilmente podrían describir
la figura de Parson Adams en The History of the Adventures of Jospeh Andrews
And of His Friend Mr. Abraham Adams. Written in Imitation of The Manner of
Cervantes, Author of Don Quixote de Henry Fielding. Parson Adams, como
don Quijote, está resuelto en reformar
el mundo, pero intenta hacerlo no debido a su mala lectura de novelas
de caballería sino a su obsesión con la caridad
apostólica.
El interés de Fielding por Cervantes, sin embargo, databa por lo menos
de 1727, cuando escribía su drama Don Quixote in England.
Aunque no se representó hasta 1734,
esta farsa/comedia refleja el interés temprano de Fielding en la
novela y su potencial de relacionar la locura del caballero con la
locura de la sociedad en general. El drama termina con un apóstrofe
al públio: "puesto que es su locura así que llano / cada
espectador / con buena naturaleza / con aplauso entretendrá / su
hermano del la Mancha. '
Fielding era solamente uno entre muchos autores que leían y se
beneficiaron de la presencia de
don Quijote en Inglaterra. Referencias a la novela aparecen en las
obras de, entre otros, Richard Steele, Joseph Addison, Jonathan Swift y
Laurence Sterne. El carácter central de Charlotte Lennox,
Arabella, en The Female Quixote (1752) está engañada
por su lectura de la ficción, aunque la novela en su totalidad
parece tener más deuda con el trabajo del propio Fielding. El impacto
de la lectura de ficción en la vida de uno no se limitaba a la
representación ficticia. El doctor Thomas Percy -- el mismo doctor Percy
a quien el reverendo Bowle se dirigió en sus cartas sobre
don Quijote--
escribió a James Boswell como el último preparaba La vida
de Samuel Johnson (1811), para informarle que cuando Johnson
era un muchacho, "él era excesivamente aficionado a
la lectura de romances de caballería, y les conservó
afición por toda su vida... Sin embargo le he oído atribuir a
estas ficciones extravagantes
esa irresuelta actitud que siempre le impidió escoger cualquier
profesión." Que este auto diagnóstico del doctor Johnson apunte
o no a la enfermedad peculiar de don Quijote
como propia es pura especulación. Es
significativo, sin embargo, que el doctor Johnson comente sobre la
identificación entre don Quijote y sus
lectores: "cuando nos compadecemos de él, reflexionamos sobre nuestras
propias decepciones; y cuando nos reímos, nuestros corazones nos
informan que no es más ridículo que nosotros, excepto que él
dice lo que sólo hemos pensado." La separación entre la
ficción y la realidad no era tan ancha como a veces preferimos creer.
A fines del siglo dieciocho, Cervantes había logrado adquirir a esos
lectores que entendían su novela, que
entendían que lo que percibimos como realidad es ficción y
viceversa. Las aventuras ridículas de
don Quijote produjeron la risa que Cervantes había
deseado; también obtuvieron esa visión crítica más
profunda del
mundo y de la naturaleza humana que define la novela moderna.

"Además, la aprobación universal que el original recibió
en todas las cortes de Europa, y el paso que tomó hacia una antigüedad
venerable, no sólo ha dado cierta inviolabilidad a la obra pero
también ha obtenido para su autor un monumento de fama no inferior a la
que se debe tan justamente a la floreciente memoria de nuestro propio
inglés Butler."