Cuarto cinco: Traducciones de Don Quijote

Se tradujó don Quijote primero al inglés (1612), luego al francés (1614) e italiano (1622). Aunque fue traducido al alemán en 1621, esta versión no fue imprimida hasta 1648 y, aún entonces incluía sólo los veintitres primeros capítulos de la primera parte. La mayor fuerza de la colección Cervantes de la Biblioteca Peabody está en su número de traducciones inglesas. Thomas Shelton, el primer traductor de la obra maestra de Cervantes, basó su versión de la primera parte de Don Quijote (Londres, 1612) en la edición de Bruselas de 1607. Su segunda parte (Londres, 1620) otra vez indica una edición en español de Bruselas, imprimida en 1616, menos de un año después de que la versión original de la segunda parte de Don Quijote saliera en Madrid. La traducción de Shelton fue la más popular versión inglesa en el siglo diecisiete, aunque se volvió a imprimir tan sólo dos veces, en 1652 y 1675.

Poco tiempo después de la segunda edición de Shelton 1652, Edmund Gayton publicó su "Pleasant Notes upon Don Quixot[sic]." Gayton no hizo una traducción completa de la historia. Al contrario, escogió pasajes claves de la versión de Shelton para hacer un comentario enfocándose en partes que demostraban el arte cómico de Cervantes.

Sin embargo, otras versiones en inglés empezaron a competir intentando captar el sabor del original en un lenguaje y estilo modernos mientras, indirectamente, llamaban la atención sobre los defectos de versiones anteriores. El desconocido John Phillips, sobrino del poeta John Milton, publicó una nueva traducción de don Quijote en 1687 apoyándose en Shelton al mismo tiempo que parece distanciarse del traductor temprano. En la portada anuncia una nueva traducción "ahora hecha en inglés según el humor de nuestro idioma moderno y adornada con varias laminas de cobre."

Al principio del siglo dieciocho se vieron dos nuevas traducciones de la novela. En 1700 el capitán John Stevens publicó su versión de Shelton revisada añadiendo su propia traducción de una falsa continuación de Don Quijote que había aparecido en España en 1614. Desafortunadamente para Stevens, el mismo año apareció la traducción de Peter Motteaux cuyo gracioso estilo y representación arrolló la contribución de Stevens. La popularidad de la traducción de Motteaux fue duradera: hasta recientemente era la edición "Modern Library Series" de la novela.

La traducción la más popular del siglo dieciocho, sin embargo, fue la de Charles Jervas (o Jarvis) en 1742. Era un retratista que tenía un buen sentido de su propio talento y merito. Fue el primer traductor en mostrar el desacierto de previas versiones inglesas de la novela. Su mentalidad literal produjo una traducción "fiel," pero fracasó en transmitir el estilo coloquial del original. Aun con esto, mas de 100 ediciones se imprimieron en Inglaterra y Estados Unidos, la mayoría acompañadas de grabados.

Sin embargo los lectores modernos mejor conocen la traducción de Tobias Smollett, publicada en 1755. Aunque fue acusado de saber poco español y de depender demasiado en la versión de Jarvis, la traducción de Smollett se hizo popular en esa época con trece ediciones circulando dentro de pocos años. Quizás más significante es su comentario en Continuation of the Complete History of England (Continuacón de la historia completa de Inglaterra) (1761) sobre el eslabón entre Cervantes y Fielding: "el genio de Cervantes se transundió en las novelas de Fielding, quien pintó a los personajes y ridiculizó las locuras de la vida con la misma fuerza, el mismo humor y decoro."

El interés en Inglaterra en Don Quijote en el decimoséptimo y el décimo octavo siglo no fue limitado al arte de la traducción. Desde 1611, el drama de Philip Massinger, The Second Maiden's Tragedy (o Voyage) utilizó una de las historias interpoladas en la primera parte de la novela como base de su trama. Y alrededor de 1620, John Fletcher y Massinger modelaron The Double Marriage en el episodio del gobierno de Sancho en la segunda parte de la novela. A través del siglo, el interés en Don Quijote se enfocó principalmente en su uso como fuente para tramas de teatro. El "Curioso impertinente" en la primera parte era la fuente principal para The Amourous Prince (también llamado The Curious Husband) (1671) de Aphra Behn; para The Disappointment (1684) de Sotherne; y The Married Beau; Or, The Curious Husband (1694) de John Crow. Las Novelas ejemplares de Cervantes también se convirtieron en una fuente popular para los autores a partir de 1640, la fecha de la traducción de Mabbe de seis de las doce historias.

Si Don Quijote era digno de servir de fuente para los talentos creativos de otros, no se tomó como una obra seria por sí misma. Richard Braithwaite en The Schollers Medley (1614) reflejó la actitud común cuando se negó a recomendar la novela para lectores jóvenes: "Y por último (lo que en mi opinión es lo peor de todo) otros moldeados sólo por el entretenimiento y no el provecho de los escritos fantásticos de supuestos caballeros (don Quijote transformado en el caballero con el Mortero de Oro) con muchas otras invenciones infructuosas. Estas hitorias yo excluyo del todo de mi economía o de mi familia."

Había quizás, durante este período, por lo menos una excepción a la perspectiva común de Don Quijote como una farsa pura. Samuel Butler parecía percibir la novela como un paradigma satírico desde 1663 en su poema Hudibras cuyo personaje principal fue descrito como "el Quijote de su país." Para Butler, don Quijote era un loco travieso así como un héroe satírico cuya búsqueda representaba la inutilidad de transformar la realidad (molinos) en ficción (gigantes). En su búsqueda, el personaje de Butler, Hudibras, no estaba interesado en la restauración de un pasado glorioso sino en revelar la motivación baja del presbyterianismo como religión verdadera. La deuda de Butler para con Cervantes puede ser evidente en su representación de los dos personajes centrales y la organización no estructurada de sus viajes juntos.

También en deuda con Don Quijote fue la obra de Edward Ward The Life and Notable Adventures of that renowned Knight Don Quixote de la Mancha que fue "Alegremente traducida en verso Hudibrastic." Ward hace explícita la conexión entre Butler y Cervantes. Su dedicatoria se refiere a la popularidad de la novela y su posición elevada al principio del siglo:

La calidad y la cantidad de las traducciones de Don Quijote en la Inglaterra del siglo dieciocho tuvieron un impacto innegable en la creciente sofisticación de la ficción en prosa. La obra de Cervantes ya no se veía como una simple farsa o comedia, sino como un modelo de la sátira seria que se debía imitar. Si el propósito de la sátira es corregir y reformar, la figura de don Quijote era particularmente apropiada: intentó corregir los errores de un orden social basado en un concepto nostálgico del pasado, y al mismo tiempo su obsesión con deshacer cada agravio social le hizo una víctima de su propia empresa reformista. Era un tipo de "Everyman," según Motteaux, y no simplemente algún loco extranjero: "cada hombre tiene algo de don Quijote en su humor, alguna Dulcinea querida en sus pensamientos, que muy a menudo le pone en marcha sobre aventuras locas. ¿Qué Quijotes no produce cada edad en política y religión, quien creándose ser lo correcto de algo que todo el mundo le dice es incorrecto...?" Las observaciones de Motteaux fácilmente podrían describir la figura de Parson Adams en The History of the Adventures of Jospeh Andrews And of His Friend Mr. Abraham Adams. Written in Imitation of The Manner of Cervantes, Author of Don Quixote de Henry Fielding. Parson Adams, como don Quijote, está resuelto en reformar el mundo, pero intenta hacerlo no debido a su mala lectura de novelas de caballería sino a su obsesión con la caridad apostólica.

El interés de Fielding por Cervantes, sin embargo, databa por lo menos de 1727, cuando escribía su drama Don Quixote in England. Aunque no se representó hasta 1734, esta farsa/comedia refleja el interés temprano de Fielding en la novela y su potencial de relacionar la locura del caballero con la locura de la sociedad en general. El drama termina con un apóstrofe al públio: "puesto que es su locura así que llano / cada espectador / con buena naturaleza / con aplauso entretendrá / su hermano del la Mancha. '

Fielding era solamente uno entre muchos autores que leían y se beneficiaron de la presencia de don Quijote en Inglaterra. Referencias a la novela aparecen en las obras de, entre otros, Richard Steele, Joseph Addison, Jonathan Swift y Laurence Sterne. El carácter central de Charlotte Lennox, Arabella, en The Female Quixote (1752) está engañada por su lectura de la ficción, aunque la novela en su totalidad parece tener más deuda con el trabajo del propio Fielding. El impacto de la lectura de ficción en la vida de uno no se limitaba a la representación ficticia. El doctor Thomas Percy -- el mismo doctor Percy a quien el reverendo Bowle se dirigió en sus cartas sobre don Quijote-- escribió a James Boswell como el último preparaba La vida de Samuel Johnson (1811), para informarle que cuando Johnson era un muchacho, "él era excesivamente aficionado a la lectura de romances de caballería, y les conservó afición por toda su vida... Sin embargo le he oído atribuir a estas ficciones extravagantes esa irresuelta actitud que siempre le impidió escoger cualquier profesión." Que este auto diagnóstico del doctor Johnson apunte o no a la enfermedad peculiar de don Quijote como propia es pura especulación. Es significativo, sin embargo, que el doctor Johnson comente sobre la identificación entre don Quijote y sus lectores: "cuando nos compadecemos de él, reflexionamos sobre nuestras propias decepciones; y cuando nos reímos, nuestros corazones nos informan que no es más ridículo que nosotros, excepto que él dice lo que sólo hemos pensado." La separación entre la ficción y la realidad no era tan ancha como a veces preferimos creer. A fines del siglo dieciocho, Cervantes había logrado adquirir a esos lectores que entendían su novela, que entendían que lo que percibimos como realidad es ficción y viceversa. Las aventuras ridículas de don Quijote produjeron la risa que Cervantes había deseado; también obtuvieron esa visión crítica más profunda del mundo y de la naturaleza humana que define la novela moderna.