Impresores y editores del Quijote reeditaron la primera edición sin intervención ni comentario editorial. La editio princeps de la primera parte de la novela (Madrid, 1605) era el texto básico que se volvía a imprimir en el siglo diecisiete en España tanto como en el resto de Europa. No fue hasta el siglo dieciocho que un acercamiento más científico empezó a aparecer. En 1780 La Real Academia Española corrigió la obra maestra de Cervantes con la publicación de una edición en cuatro volúmenes. Por primera vez editores incluyeron una introducción crítica, comprendiendo una biografía del autor, un análisis de la novela, un estudio cronológico-histórico de las aventuras de don Quijote, una serie de grabados que pusieron muchas de las aventuras literalmente delante de los ojos de los lectores, y un mapa de España para seguir el itinerario de don Quijote.
Vicente de los Ríos, editor principal de la edición de la Real
Academia, corrigió los errores textuales de las previas ediciones y
llamó la atención a las representaciones falsas
de los
grabados de otras versiones.
Vicente de los Ríos luchó agresivamente para retomar la novela de sus editores extranjeros
enfatizando su carácter español. También contraatacó críticos conservadores españoles que
decían que el único propósito de Cervantes era de parodiar los libros de caballería. El esfuerzo
funcionó, por lo menos en España . Versiones más baratas de la edición de la Academia Española
aparecieron pronto en 1782 y 1787, sustituyendo otras versiones y revelando su popularidad
dentro de un público más amplio que no podía comprar el
original de 1780.
Para los años 1790 varias editoriales y librerías
vendían ediciones de bolsillo. Estas versiones en miniatura del
Quijote costaban menos pero todavía
dejaban al lector aprovechar de los grabados aunque reducidos de tamaño.
Otras ediciones eruditas de
don Quijote empezaron a aparecer con regularidad, poniendo
en duda la autoridad de la Real Academia Española. Editores
individuales compitieron para producir el aparato el más
"erudito" con notas "científicas." La edición en cinco volúmenes de don Juan
Antonio Pellicer salió en 1797-1798. Como bibliotecario del
rey y miembro de la Real Academia de Historia, Pellicer produjo lo
que llamó una "nueva edición, nuevamente
corregida, con nuevas notas, nuevos grabados, nuevo análisis,
y con una nueva adición sobre la vida del autor."
Treinta y seis años más tarde, la impresionante
versión de Pellicer fue suplantada por la edición en seis
volúmenes de don Diego Clemencin --todavía utilizada por
humanistas cervantinos -- que
triplicó el número de notas eruditas. Sus pretensiones se
ven en el hecho que dice corregir la lengua de Cervantes y no incluye grabados. El
espacio normalmente reservado para los grabados sobre la aventuras de don Quijote se ve reemplazado por
explicaciones históricas, textos literarios paralelos, ciencia
contemporánea, análisis lexicográficos y
comentario erudito.
De cierta manera, el hecho de que las ediciones en español
también se imprimieron en gran cantidad en el extranjero fue
extraordinario, demostrando que
los lectores españoles -- que sean españoles viviendo fuera de
España o gente no española que
decía tener una competencia del idioma -- podían
consultar versiones "corregidas" de la novela y/o entablar en debates eruditos
sobre el idioma de Cervantes y su cultura. Lord
Carteret publicó la versión española la más cara--
la " Edición Tonson"--para la reina Carolina de Inglaterra.
Imprimida en Londres en 1738 con una serie extensa de grabados hechos por J.
Vanderbank, no se esperaba que la venta de esta edición
compensaría el precio de su producción. Los gastos fueron
garantizados por la condesa Montijo, esposa del
embajador español en la corte de San Juan, en el esfuerzo de divulgar
el texto de Cervantes en la versión original. Esta edición
también incluía, por primera vez, un ensayo del "Dr. Juan
Oldfield." Este explicaba el significado alegórico de
varios grabados.
El reverendo John Bowle editó la primera versión española
imprimida en Inglaterra con un aparato erudito completo.
El reverendo Bowle
esperaba crear un mercado para suscriptores publicando dos cartas
que había escrito al Doctor Thomas Percy, Obispo de Dromore, in 1777,
en las cuales se refiere al progreso de su próxima edición.
Se conocía a Bowle como un individuo difícil y sus estudios
escolásticos recibieron bastante crítica. En 1784 le
obligaron a responder a "prácticas muy injustas ... de mi
edición de don
Quijote...y me he enterado de que los perpetradores ... eran un amigo
falso y otra persona cuyo encomio debería considerar una afrenta y
verdadera difamación..." "
Sin duda Bowle estaba pensando en uno de sus peores enemigos, Joseph Baretti,
quien también tradujo obras españolas al inglés.
En la obra de Baretti, Tolondron. Speeches to John Bowle about his
Edition of Don Quixote, no tiene reserva en sus insultas para con
Bowle, incluyendo la acusación de Baretti que no sabía hablar
español, no sabía la gramática española e iba a
las tabernas más a menudo de lo
que debería.
A pesar de las numerosas quejas de Bowles acerca de ataques injustificados por
parte de sus contemporáneos, el efecto erudito que tuvo su
edición en relación a otros
editores --ambos en Inglatera como en España-- fue considerable.
Pellicer, por ejemplo, minimiza la contribución que hizo
Bowles para una comprensión de la novela de Cervantes, mientras reconoce que
incorporó muchas de las notas y anotaciones de Bowles en su propia
versión. El interés en las ediciones eruditas de Don Quijote empezó a declinar cuantas
más traducciones de la novela salieron. Sin embargo, fue
principalmente la versión inglesa de
Don Quijote la que introdujo la obra maestra de
Cervantes en la corriente principal
de la ficción inglesa. Henry Fielding sería el beneficiario
el más famoso de este desarrollo. El "CERVANTES INGLES,"
como sería llamado por sus contemporáneos, modeló
su "nueva especie de escritura" (Joseph Andrews, 1742) en la
traducción inglesa de
Don Quijote